Siento mi corazón
latir en mi interior
pero más siento la rabia
expandiéndose con fulgor.
La razón es sencilla
pero compleja;
es una vocecilla
que me aconseja.
El motivo desconozco,
pero dentro de mi cabeza
sólo mis voces
conocen la respuesta.
No quiero sentirme así,
quiero ser feliz,
expresar mis sentimientos
y comer perdiz.
Siento ansiedad
y desconcierto.
Me asalta la curiosidad
y no miento.
A todos odio
y a todos quiero.
Presiento la maldad
y le digo “no quiero”.
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