Con la muerte no se juega
porque siempre se pierde.
No se titubea ni vacila,
no se cuestiona ni desentiende.
Con la muerte no se habla
ni se entablan amistades.
No se le trata bien
y no se hacen enemistades.
Con la muerte no se demuestra
ni se insinúa, ni se pretende.
No se insulta de ninguna manera
y no se le halaga ni se muerde.
Con la muerte no hay mentiras,
ni ilusiones ni amarguras.
No hay más que verdades a medias
y miradas seguras.
Todo es cuestión
de ingenio y astucia;
con la muerte es así,
se quiera o no.
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